Después de dar lectura al texto de Manuel Esteve y reflexionar sobre él, pareciera que el maestro conociera el lugar y las personas que laboran como docentes donde yo lo hago, porque describe algunos hechos y algunas actitudes de muchos compañeros y compañeras y propias que no comulgan con la forma de ser del maestro que Esteve propone.
Cierto es que como toda primera vez, la presentación ante un grupo de alumnos, en este caso de bachillerato, provoca nerviosismo y hasta cierto grado de temor ante la incertidumbre de cómo y cuál será la reacción de todos y cada uno dentro del aula y también cierto que todos somos resultado de vivencias que incluyen ensayos y errores; pero en la tarea de enseñar no debemos conformarnos por la existencia de esta premisa, puesto que en la formación de personas deben ser menos los errores que cometamos con ellos, por lo tanto, es obligatorio aceptarnos con las deficiencias que seguramente muchos de nosotros tenemos para comunicar, transmitir, he ahí el principio de ser maestro de humanidad.
He percibido el coraje de muchos alumnos al expresar que algunos maestros aprovechándose de “su autoridad” en el aula no aceptan la crítica o el cuestionamiento de parte de ellos, llegando al grado de humillarlos afectando así su autoestima y provocando en ellos la resistencia participar nuevamente en la clase.
También se manifiesta la devaluación del ser maestro al ostentarse como profesionista de otra rama diferente a la docencia, ¿porqué? ¿si a ello decidimos dedicarnos y debemos sentirnos honrados de hacerlo?
Si, es verdad que socialmente la profesión de maestro no es relevante por otros profesionistas o no profesionistas, porqué? si aquellos son (otra vez me incluyo) lo que son gracias a los maestros
Por último, yo tengo la carrera de ingeniero pero me dedico a la docencia teniendo escasos conocimientos previos para ello, pero he intentado merecer el que mis alumnos me llamen “profe” cuando me saludan adquiriendo capacitación constante. Por lo anterior y leyendo los argumentos que Esteve esgrime, sumados a otros muchos, estoy, soy orgulloso de ser maestro.
Cierto es que como toda primera vez, la presentación ante un grupo de alumnos, en este caso de bachillerato, provoca nerviosismo y hasta cierto grado de temor ante la incertidumbre de cómo y cuál será la reacción de todos y cada uno dentro del aula y también cierto que todos somos resultado de vivencias que incluyen ensayos y errores; pero en la tarea de enseñar no debemos conformarnos por la existencia de esta premisa, puesto que en la formación de personas deben ser menos los errores que cometamos con ellos, por lo tanto, es obligatorio aceptarnos con las deficiencias que seguramente muchos de nosotros tenemos para comunicar, transmitir, he ahí el principio de ser maestro de humanidad.
He percibido el coraje de muchos alumnos al expresar que algunos maestros aprovechándose de “su autoridad” en el aula no aceptan la crítica o el cuestionamiento de parte de ellos, llegando al grado de humillarlos afectando así su autoestima y provocando en ellos la resistencia participar nuevamente en la clase.
También se manifiesta la devaluación del ser maestro al ostentarse como profesionista de otra rama diferente a la docencia, ¿porqué? ¿si a ello decidimos dedicarnos y debemos sentirnos honrados de hacerlo?
Si, es verdad que socialmente la profesión de maestro no es relevante por otros profesionistas o no profesionistas, porqué? si aquellos son (otra vez me incluyo) lo que son gracias a los maestros
Por último, yo tengo la carrera de ingeniero pero me dedico a la docencia teniendo escasos conocimientos previos para ello, pero he intentado merecer el que mis alumnos me llamen “profe” cuando me saludan adquiriendo capacitación constante. Por lo anterior y leyendo los argumentos que Esteve esgrime, sumados a otros muchos, estoy, soy orgulloso de ser maestro.
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